Alianza Vida Abundante

¿Cómo es un pastor que crece?

Líderes siendo preparados
18 de agosto del 2025 Dr. John Spyker
Ministerio Liderazgo Herramientas Pastorales
Mateo 13:10-17 (RVR60)

10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. 16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

¿Cómo es un pastor que crece como persona y que hace crecer su iglesia?

Es un pastor que DESEA CON TODO EL ALMA los propósitos de Dios y que está dispuesto a PAGAR EL PRECIO MÁXIMO para ser parte del Reino de los Cielos.
La verdad es que la mayoría ni quiere ni puede hacerlo, son unos cuantos nada más. Este es un tipo de misterio, de clave, de secreto, que la mayoría no ve ni apropia.
De acuerdo con los principios enseñados en Mateo 13, donde Jesús presenta las parábolas del Reino de los Cielos —especialmente aquellas que hablan de que, una vez que uno se da cuenta del valor del tesoro que es el Reino de Dios, vende TODO LO QUE TIENE para obtenerlo— aprendemos que no todos quieren ni pueden pagar ese precio en relación con el Reino de Dios.

¿Cuál es la diferencia entre el 5% de líderes espirituales que crecen como personas y hacen crecer sus ministerios, y el 95% que nunca lo logra?

Introducción

Se busca dar respuesta, en parte, a las siguientes preguntas críticas:

  • ¿Dónde está el poder para alcanzar a más almas para Cristo y hacerlo mejor cada vez?
  • ¿Por qué muchos siervos de Dios, muy consagrados y sinceros, nunca crecen? (Me refiero a crecimiento en cantidad y calidad).
  • ¿Cómo le han hecho y cómo lo están haciendo los que avanzan notoriamente?

¿Cómo es un pastor que crece? Es alguien que…

  1. Se esfuerza por mantener una relación con Dios de renovación espiritual continua. Recibe de su pastor y de otros predicadores con quienes se alimenta. Si no lo tiene, urge que lo consiga. Si ya lo tiene, que lo aproveche de verdad. En nuestra familia ministerial hay varios pastores de pastores (líderes de redes) que podemos proponerte. Puedes pedirnos información al respecto.

  2. Cuenta con estrategias claras que funcionan para crecer en lo personal y en su ministerio. Sabe hacia dónde va, sabe qué hacer y sabe cómo hacerlo.
    Conoce, estudia, repasa, aplica y vuelve a aplicar los 8 Sistemas que nosotros trabajamos. Hay otros también, por supuesto, pero compara y selecciona con cuidado.

  3. Establece, evalúa y ajusta “quién es” y “qué hace” —su misión, visión, valores, objetivos y metas— con suficiente frecuencia. Lucha constantemente para mejorar.
    Acude con tu equipo de líderes, con gente experta en el tema en tu localidad, y acude con tu líder de red o mentor para que te ayude con esto. Si no tienes uno, solicita información con nosotros. Tenemos líderes de red y mentores que te podemos proponer.

  4. Solicita evaluaciones formales y periódicas de sus iglesias o ministerios. Practica la evaluación interna y externa.

  5. Cuenta con verdaderos amigos con quienes hablar. Comparte de su corazón, ora, recibe observaciones acertadas y es desafiado y animado a la vez. Aprende a restaurar amistades perdidas u olvidadas.
    Búscalo en algún familiar, en algún pastor compañero o en algún padre espiritual, pero no en una oveja tuya.

  6. Cuenta con consejeros sabios y experimentados de quienes recibe instrucción, corrección, confirmación y dirección con suficiente frecuencia. Pide consejo a tu pareja, a algún otro familiar que cree en ti, a tu pastor, a un doctor o profesionista especializado, tu coach o mentor, algún buen maestro o un padre espiritual, etc.

  7. Tiene una verdadera autoridad espiritual a la cual escucha, a la que rinde cuentas y a la que se sujeta. Tiene un pastor práctico, no solo teórico. Aprende a buscarlo y no solo esperar que lo busquen a él.
    Si tienes pastor, aprovéchalo. Si no está funcionando la relación como tú necesitas, habla con él o ella. Ten paciencia, insiste. Si no tienes pastor, busca uno; pide consejo para esto. Si no puedes hacer funcionar tu relación con tu pastor después de agotar todos los recursos, y si es absolutamente necesario, quizá tengas que cambiar de pastor.

  8. Acude a consejería, terapia y ayuda profesional, especialmente si su pareja, su pastor o su coach se lo recomienda.

  9. Lucha y aprende continuamente para mejorar su equipo de trabajo, a través de mucha comunicación y evaluación, y hace los ajustes necesarios. Si agotan sus recursos con unos, lo intentan con otros, pero no sin agotar antes los recursos disponibles.
    Lee libros al respecto (Patrick Lencioni, John Maxwell, por ejemplo), consulta con quienes tienen un buen equipo de líderes, experimenta, haz cambios, da cargos por un tiempo específico (un año, dos años, etc.), pide ayuda a tu pastor y líder de red.

  10. Se compromete con aplicar los principios de honestidad y transparencia todo el tiempo. Confronta el conflicto, pide perdón, es humilde y asertivo a la vez, habla directamente con la persona del problema y se compromete a pagar el alto costo de la edificación del Reino de Dios.
    Pide consejo a los que tienen experiencia en esto, reporta tus experiencias en esta área con tu pastor y con tus consejeros. Ora continuamente para que Dios te ayude a mantener el estándar alto de transparencia y honestidad. Lee libros al respecto (ejemplo: Patrick Lencioni).

  11. Estudia y lee constantemente. Toma cursos especiales, participa en algún programa de educación continua que esté a tu alcance, pide a tus pastores y líderes que te recomienden libros buenos, viaja, investiga y observa a otros. Paga el costo para hacer esto y haz de ello una verdadera prioridad en tu vida.

    Pide consejo a tu pastor o a un amigo al respecto. Recomiendo que terminen su secundaria y su preparatoria quienes no lo han hecho. Existen algunas excepciones a esta regla, por supuesto, porque Dios usa lo que el mundo cree que no es importante para avergonzar a lo sabio. Al mismo tiempo, el principal plantador de iglesias en el primer siglo de la iglesia cristiana y el principal escritor del Nuevo Testamento fue el más estudiado: el apóstol Pablo.

  12. Aprende y busca mejorar la disciplina en todo lo que hace. Se disciplina en todas las áreas de su vida. Pide ayuda, fija metas a corto, mediano y largo plazo, y rinde cuentas de tu avance con tu pastor o coach. Pide al Espíritu Santo que te fortalezca y te motive para conocer disciplinas espirituales que nunca habías practicado.

  13. Aprende y busca mejorar siempre el difícil arte de delegar y supervisar sabiamente. Lee libros, pide consejo a tus líderes, consulta con otros con experiencia en el tema, practica, practica, practica.

  14. Aprende a predicar mejor. Escucha grabaciones de tus prédicas, pide que otras personas te evalúen, estudia y lee al respecto, pon metas alcanzables y rinde cuentas de tu avance con tus líderes. Conoce tu estilo, reconoce tus debilidades, trabaja mucho en mejorar y da lugar a otros buenos predicadores con más frecuencia. Hay ministerios crecientes y grandes con predicadores no muy buenos, pero que son fuertes en otras áreas de su ministerio.

  15. Aprende a no rendirse nunca: si se cae, se levanta, ¡vez tras vez, tras vez, tras vez! Determina nunca rendirte. Rinde cuentas a tus líderes. Escucha los testimonios de otros que han persistido a través de grandes limitaciones, derrotas en la aplicación de estrategias en su trabajo, errores cometidos en el trato con personas en su equipo, etc. ¡Y siempre vuélvete a animar y a levantar!

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